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La elección presidencial de los Estados Unidos tiene repercusiones directas en México. No es tema nuevo, lo sé, pero las circunstancias actuales que la rodean, sí.
Los dos personajes, ya muy conocidos en todo el orbe, tanto por la singularidad de sus carreras profesionales y empresariales y, gracias al kilométrico y mediático proceso electoral.
Donald Trump, el xenófobo empresario que terminó pulverizando los sueños de los políticos conservadores de la ultraderecha norteamericana, encabezaría, si es que la cúpula del Partido Republicano lo ratifica, la fórmula que busca arrebatarle a los demócratas, la hegemonía de los últimos 8 años en la casa blanca.
La verdad, es poco lo que pudiese añadírsele a las de por si disparatadas propuestas del magnate de los bienes raíces. Ciertamente el reparto de culpas a la minoría hispana por las calamidades en el crecimiento económico de su país y el endilgarle constantemente a los musulmanes las matanzas en territorio gringo, han encontrado eco entre los supremacistas blancos, la etnia con el mayor número de potenciales electores, con 170 millones.
Por el lado del Partido Demócrata, la exprimera dama, exsenadora y exsecretaria de Estado, Hillary Diane Rodham Clinton, apresura el paso para convertirse en la primera mujer presidente de los Estados Unidos.
Ampliamente conocida en los círculos cerrados del poder en Washington, en gran medida por la carrera política de su marido, Bill Clinton; y, por los escándalos de alcoba que el expresidente protagonizó con una joven becaria en el salón oral, perdón, Oval, durante su mandato; así como el manejo ordinario de asuntos de Estado, cuando fue la segunda a bordo de Barak Hussein Obama y, que habrían vulnerado la seguridad de sus paisanos en el norte de África, Hillary despunta en los pronósticos para suceder al primer presidente de raza negra en la historia de ese país.
Los norteamericanos acudirán a las urnas a principios de noviembre, tras un larguísimo proceso electoral. Lo harán frente al reto que implica elegir a la primera mujer presidente, porque los estadounidenses no son tan distintos del resto de los países donde el machismo predomina, pero también lo harán las minorías étnicas, quizás en porcentajes nunca antes visto, ante el temor de que el “locuaz” Trump llegué a la casa blanca y cumpla sus disparates de deportar en masa a millones de ilegales, decomise las remesas valuadas en varios miles de millones de pesos que anualmente salen a diversos países y, que se cierren las fronteras a la inmigración musulmana y latina, preponderantemente.
No todo es en contra del multimillonario Donald, también la aristócrata Hillary carga con sus demonios. El hecho de haber sido descuidada en temas de seguridad nacional, pertenecer a una de las castas que dominan el establishment washingtoniano, como la oligarquía partidista en México, pero en gabacho, y ser la esposa de un expresidente, es algo que preocupa a los votantes para volcarse a las urnas en noviembre. Si sucede, es porque el temor es tan grande de que un “desadaptado” tome las riendas de la nación con más poder bélico en el planeta.
Las anteriores son razones que hacen diferente a la elección presidencial al otro lado del Bravo. Aquí es donde visualizo el kit del asunto, ojo, cualquier coincidencia con la sucesión en México, no es producto de la casualidad.
En el caso de que gane la Clinton allá, las posibilidades de que se replique el caso en tierra azteca son muy altas. Claro, todavía falta que la mujer que lidera las encuestas para sacar al PRI de los pinos, es decir, Margarita Zavala, supere internamente los obstáculos que se le vienen encima.
Para Margarita no es solo cuestión de convencer al panismo de ser la mejor opción, sino que enfrentará fuerte desafíos como las balandronadas de Rafael Moreno Valle, el gobernador poblano surgido del cubil de la maestra Elba Esther Gordillo y, la misoginia del grupo dominante que encabeza el dirigente nacional Ricardo Anaya.
Si logra sortear los obstáculos internos, la Zavala tendrá otro externo todavía mayor. Ser la esposa del expresidente Felipe Calderón, que no le abona gran cosa. Y es que habrá fuertes señalamientos, esencialmente provenientes de la agrupación política Morena, por la presunta indolencia de la exprimera dama ante las miles de víctimas inocentes de la guerra contra el crimen, durante el mandato de su marido.
El camino a los pinos para una mujer es tan infernal como lo es para llegar a la casa blanca; sin embargo, en el caso de Hillary, las apuestas le sonríen; en el caso de Margarita, los momios la colocan con posibilidades, pero la victoria de su congénere a finales de este año, la catapulta sin lugar a dudas.
El que lidera las preferencias en México, viene siendo un espejo de Donald Trump, solo que al revés. Muchos lo idolatran por la forma tan descarnada de referirse a la oligarquía mexicana, aunque en los hechos, los suyos, con representación popular, no predican con el ejemplo.
Un alto porcentaje de la población simpatiza con el tono de nombrar las cosas, aunado a que abraza con soltura el reclamo social. Para su desgracia, otro porcentaje similar advierte el peligro de que un “locuaz” mexicano” llegue a la presidencia y busque emular a los redentores de la república bolivariana y a sus fans del cono sur.
Como sea, la lección presidencial de los Estados Unidos, a mi juicio, puede replicarse en México. El tiro será entre dos, porque, sinceramente, creo que el dinosaurio trota a su extinción.
P.D. A un mes y un día desde que los chihuahuenses acudimos a las urnas, de manera ejemplar, la justicia parece entrar en una fase de inanición, como una advertencia de que la sed de venganza está por llegar para sentar sus reales en el próximo quinquenio.